La tecnología, condición sine qua non para triunfar

La tecnología, condición sine qua non para triunfar

A nadie le sorprendería conocer de primera mano la gran cantidad de cosas que hay que tener en cuenta para tener éxito en el mundo de los negocios y de la empresa. Muchas de las cosas que solemos relacionar con ese éxito son las de toda la vida: tener contactos, intentar tener una oferta más competitiva que la competencia, hacer que los empleados trabajen de un modo eficiente y tener a los mejores proveedores del mercado. Desde estos cuatro puntos pueden conseguirse verdaderas maravillas y durante toda la Historia se han producido casos más que de sobra como para acreditar que esto es una verdad como un templo.

Sin embargo, en las últimas décadas se ha desarrollado un medio más para hacer que una empresa aumente de manera exponencial sus posibilidades de negocio y de éxito. No es otra que la tecnología, que no sólo ha revolucionado la sociedad desde el punto de vista de la comodidad del usuario sino también desde el punto de vista del negocio, la obtención de beneficios y de una mayor capacidad de organización y una mayor funcionalidad.

La empresa y la tecnología tienen una relación que ya nada ni nadie será capaz de desligar. La una ya no se entiende sin la otra. De hecho, si la tecnología ha evolucionado de un modo tan espectacular en los últimos tiempos se debe principalmente a su aplicación en la empresa. El ser humano desarrolla las herramientas que necesita para su día a día en función de sus necesidades y que la tecnología tenga una importancia tan grande hoy en día responde a que el ser humano ha manifestado la necesidad de conseguir mejores instrumentos y aplicaciones de trabajo. Como prueba, un botón: la Universidad Carlos III de Madrid ofrece, en su Campus de Getafe, un grado en Tecnología y Empresa.

Y esa relación va a ir a más con el simple paso de los años. La tecnología no para y continúa ofreciendo soluciones cada vez más rápidas y eficaces que tienen una aplicación empresarial. El futuro pasa, como muchos expertos ya se han encargado de advertir, por la inteligencia artificial. Ese tipo de tecnología contribuirá en los próximos años a que se eliminen las rutinas habituales y a que se creen empleos de calidad, según aseguraba Jordi Ribas, vicepresidente corporativo de Inteligencia Artificial de Microsoft, al diario Expansión el pasado mes de junio.

Es evidente que la rápida adaptación a una determinada tecnología es la clave para obtener de ella todas las ventajas que puede aportarle a una determinada organización o empresa. Es la conclusión de una reflexión llevada a cabo desde el seno de Inforges, una entidad dedicada al asesoramiento y consultoría de empresas y particulares en un amplio abanico de cuestiones. Varios de los profesionales de la compañía ponen en el foco en esa rápida adaptación porque, si tardamos demasiado en llevarla a efecto, no le sacaremos el rendimiento suficiente debido a que otra tecnología vendrá y mejorará las prestaciones de la anterior.

Eficacia y eficiencia, los dos grandes objetivos

Sea como sea, queda claro que los dos grandes propósitos que se manejan en los gabinetes de Dirección de todas las empresas a la hora de invertir en tecnología son conseguir eficacia y conseguir eficiencia de parte de cada trabajador de la empresa. Teniendo en cuenta que los trabajadores de las empresas de la competencia también maneja la tecnología exactamente con el mismo propósito, es probable que lo que nos diferencie a nosotros de ellos sea qué clase de tecnología utilicemos. En esa batalla, el que utilice la más moderna y el que se adapte más rápido a ella habrá habrán ganado la partida.

La tecnología nos ha permitido que podamos trabajar casi el doble de rápido que hasta hace más bien poco tiempo. La tecnología y, por supuesto, la informática. Apostar por ella requiere de una inversión que es elevada de primeras, pero que da réditos en cuanto empieza a ser utilizada. Lo que no debemos hacer bajo ningún concepto es apostar por ella a medias. Eso implicará un desembolso económico que en realidad no nos va a servir para nada porque no tendremos la capacidad de competir contra las empresas que, siendo de nuestra competencia, sí que apuesten de manera comprometida por los nuevos sistemas tecnológicos e informáticos.

Es bastante probable que durante el día de mañana los avances tecnológicos e informáticos sean de mucho más envergadura que los actuales. Estar preparados para esos cambios es una obligación que nos va a exigir el futuro más inmediato. Lo contrario será sinónimo de dejar de competir y, por ende, poner a nuestra empresa en un escalafón inmediatamente inferior. La actualidad lo deja bien claro: renovarse o morir. Los que arriesgan eligen lo primero. Los que deciden especular, más tarde o más temprano terminan pereciendo en la batalla. Es cuestión de elegir dónde queremos estar.

 

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