Wifi Comunitario

Hoy en día disponer de Internet es más una necesidad que un lujo. Los estudiantes lo necesitan para la escuela, instituto y universidad, los trabajadores para realizar ciertas gestiones y las familias, en general, para recibir correo, facturas e incluso para llevar la economía del hogar. Por eso son cada vez menos los hogares que carecen de Internet en casa y los pocos que siguen sin fibra óptica tienen Internet en el móvil o algo similar. Sin embargo, no es barato.

Antes, cuando tener Internet era un lujo, los precios eran mucho más escandalosos pero ahora, una época en la que todos necesitamos acceso a la red, es incomprensible que los precios de las tarifas planas sigan siendo tan elevados.

Por un lado tenemos las compañías clásicas tipo Movistar, Ono o Jazztel y, por otro, las low cost tipo Pepephone, Netgear o Lowi y la diferencia entre contratar con las primeras y las segundas es de 20 euros, que es dinero pero como hablamos de pasar de 50 euros a 30, tampoco es que podamos hablar de una baratija que todo el mundo pueda permitirse.

Debido a esto, muchas comunidades de vecinos optan por contratar una instalación Wifi para todo el edificio de modo que, por un precio mucho más bajo (unos 9 euros al mes) todos los vecinos pueden disfrutar de Internet. Para poder contratar este servicio, todos y cada uno de los vecinos deben estar a favor de dicha contratación o, en su defecto, la mayoría de ellos, de modo que sólo se les da la clave de acceso a aquellos que paguen la cuota mensual. Lógicamente, cuantos más vecinos acepten más barata saldrá dicha cuota pero también más repartidos estarán los megas de subida y bajada.

Que merezca la pena depende del uso

Si bien un particular dispone de 50 megas de bajada y 5 de subida, por ejemplo, y una comunidad con 9 vecinos ha de repartirse esos megas entre los que estén usando Internet a la vez, debemos tener en cuenta que esa velocidad de transmisión se verá reducida, aunque todo dependerá de la actividad concreta que estemos haciendo.

No es lo mismo intentar descargar un vídeo, que ver algo en streaming o simplemente consultar el periódico. Para esto último no necesitas demasiada velocidad pero para lo primero y, sobre todo lo segundo, sí. Pero lógicamente esa velocidad también se verá afectada dependiendo de cuántos vecinos utilicen Internet al mismo tiempo y para qué. Por ejemplo, si de los 9 vecinos sólo encienden Internet dos a la vez funcionará como la seda, si lo encienden 7 pero todos están leyendo algo o consultando una web tradicional también irá todo como la seda, pero si esos 7 pretenden descargar algo a la vez o ver una película en streaming se encontrarán con muchos cortes y con que Internet no funciona todo lo bien que debería.

Ahora bien ¿qué empresas ofrecen este servicio? Pues por raro que os parezca no creáis que se puede encontrar fácilmente. Es más sencillo que podáis contratarlo a través de pequeñas compañías antes que en las grandes marcas. El Wifi Comunitario de Wificom, una empresa alicantina, es uno de los mejores que he visto hasta el momento, pero también lo podéis encontrar en Wiftel, CompartirWIFI, etc.

Lo bueno y lo malo de la Impresión 3D

No sé qué manía tiene nuestra sociedad, o el ser humano, de conseguir que hasta lo bueno de la vida tenga un lado maligno, pero el caso es que lo conseguimos. Las impresoras 3D fueron concebidas para crear objetos de la nada, de un modo rápido y sencillo, y mientras unos las usan para hacer el bien, mejorar la calidad de vida o simplemente para crear productos en el menor tiempo posible, otros se aprovechan de lo que pueden hacer para crear armas o productos ilegales.

La cara más amenazante de estas impresoras tiene que ver con el desarrollo de armas inteligentes y con la posibilidad de imprimirlas. Para conseguirlo solo hace falta diseñar o descargar de Internet los planos de una pistola y listo. Si bien no es sencillo conseguir los planos de la pistola completa, es bastante fácil localizar el plano de las diferentes piezas que la conforman, así que sólo tienes que imprimirlas todas y montarlas para tener un arma en casa. Fácil, rápido y económico… ¿qué más puede pedir un delincuente?

Hace solo unas semanas se supo que Corea del Norte también tiene planeado comenzar a utilizar esta tecnología para fabricar sus propias “armas de destrucción masiva”, como los componentes de los misiles. Los beneficios están claros: supone reducir los ciclos de desarrollo, los costes y la reducción del personal necesario para fabricarlas.

La otra cara de la moneda

Y mientras unos piensan en destruir el planeta, otros pretenden salvarlo con la misma tecnología o, al menos, hacer más sencilla la vida de algunas personas con problemas. Guillermo Martínez diseña brazos protésicos con una impresora 3D para personas sin recursos en Kenia. El mecanismo que ha creado es sencillo, funciona introduciendo el brazo por la parte de arriba manteniéndolo estable mediante un arnés en el pecho. De este modo, en el momento en el que se levanta el brazo, la mano cierra y hace un movimiento prensil, cerrándose y permitiendo coger objetos.

Así, podemos ver lo diferentes que somos y la cantidad de cosas que podemos hacer con una misma herramienta, tanto para bien como para mal, y así pasamos de ver a personas que pretenden crear armas destructoras, pasando por personas que ayudan desinteresadamente a otras y encontrarnos también grandes empresas como Peak, que ha lanzado el primer calzado de baloncesto hecho con una impresora en 3D o Tecnologyk, una empresa que imprime recambios para maquinaria industrial, automoción, ingeniería, prototipos de productos  y proyectos.

Y es que este mercado tiene hueco para todos. En Estados Unidos se imprimen medicamentos, en China viviendas, y en el sector de la sanidad ya hay quien hace pruebas imprimiendo réplicas exactas de órganos humanos para llevar a cabo trasplantes de última generación. Todo un mundo de posibilidades que nos da de nuevo la tecnología y que algunos aprovechan para comerciar, otros para ayudar y otros para destruir.